XI
No quería que la mañana terminase, me la había pasado esplendido con mi padre, lo había escuchado reír como jamás lo había hecho conmigo, yo era la causante de su risa, claro.
-¡Ya, _______, ya!- Decía riendo y ni siquiera le hacía nada. Se estaba burlando de cómo un tenedor había botado del plato de él, caído sobre el mío y rebotar de nuevo para hacer estallar el vaso con jugo de naranja y habernos salpicado. Descubrí que mi padre se ríe de cosas estúpidas.
-¡No te hago nada!- Le dije empezando a contagiarme por su risa. Echó la cabeza hacía atrás suspirando y secándose las lágrimas de las mejillas.
Bryson había terminado con el momento y me sentí cuando vi a mi madre entrar platicando con Caroline.
Mis padres se fueron y mi papá me dio un abrazo muy fuerte.
-Me he pasado muy bien la mañana contigo, pequeña.
El que me llamara pequeña me hacía sentir un calor especial y acogedor en el pecho que jamás había sentido en la vida. Me agradaba demasiado.
Caroline se decidió por regresar a casa a ver televisión con Bryson, le avisé que saldría hoy y se emocionó al saber que estaría sola con Bry. Suspiré al pensar cómo quedaría la casa. A veces Caroline se comportaba como la menor.
Me quedé sola en la oficina y le hablé a Gabriela por el intercomunicador.
-Gaby, comunícame con David Johnson. ¿Por favor?
-¡A la orden, jefa!- Me reí por su comentario. -Línea tres, ________.
-Gracia, cariño... ¡Hola, David!
-¡Querida mía! ¿Por qué no me habías llamado?
-He estado demasiada ocupada.
-No me digas que te has vestido mal.- Dijo con un tono dramático e innecesario.
-¡Por supuesto que no! Menos con mi hermana en casa, es igual que tú.
-¿Me has cambiado?- Volvió el tonó dramático e innecesario.
-Si te hubiese cambiado no te llamaría para pedirte vestidos nuevos.
-¡Ya era hora! ¿Qué necesitas?
-Esta semana tengo un coctel el martes, una cena el miércoles, una sesión fotográfica el jueves, una junta el viernes, el sábado un desfile y el domingo una fiesta.
-Muy bien.- Meditó lo que había escrito. Escuché la pluma caminar rápido por el papel. -Puedes venir a recoger mañana Domingo tu vestuario para el martes, miércoles y jueves. Y los demás el lunes, querida mía.
-¡Vaya, qué eficacia! ¡Te adoro, Dave!- Nos despedimos y volví a usar el intercomunicador.
-¿Ya nos vamos, Gaby?
Gabriela me regañó diciendo que aún tenía cosas que hacer y que todavía no nos iríamos. Bufé cansada porque no tenía nada interesante qué hacer. Me frustraba. Giré la silla y me topé con el gran ventanal que estaba a mis espaldas, me llenaba de vértigo pero me gustaba demasiado. La ciudad que nunca duerme ya empezaba a mostrar por qué ese nombre.
Recargué mi cabeza sobre mi mano y suspiré. Ya podía sentir el cansancio de la siguiente semana, sería un completo fastidio.
Sonreí... Y me regañé a mí misma por la razón que lo había echo. Había pensado que estaría toda la semana con él. Y odiaba con todo mí ser alegrarme de ello. ¡Debería odiarlo!
-Debería odiarlo...- Me masajeé las sienes. Giré la silla y di un brinco y un grito.
-¡¿Qué?!- Me levanté de la silla pegándome al ventanal y caminé hacia enfrente cuando vi hacia abajo. -¿Qué haces aquí?- Pregunté furiosa.
-Yo...
-¡¿Quién te dio permiso?!
-Tu...
-¡Eres un...!- Su carcajada no me dejó seguir. -¿Qué es tan gracioso?
-No puedo creer que me odies tanto.
-¡Pues sí!- Me llevé rápidamente la mano tras la espalda y crucé los dedos. -¿Qué haces aquí, Nicholas?- Se encogió de hombros.
-Quería verte.- Se levantó y retrocedí pero él me atrajo ágilmente con su mano detrás de mi cuello. En mi nuca. Hizo que nuestras frentes chocaran y traté de no ver sus ojos chocolates.
-Ya quiero verte toda... Esta semana.- Me miró con una sonrisa hipócrita, -me fascinó.-, y pude entender la segunda idea de esa frase.
-Eres un...- Me besó la comisura del labio.
-Hasta el lunes, ________.- Me soltó con delicadeza y salió por la puerta de la oficina. No pude evitar morderme el labio y sonreírle a la estela que dejó su perfume. Definitivamente yo también quería verlo todo, esta semana.
Di un saltito cuando Gabriela me llamó por el intercomunicador.
-¿Te has molestado porque dejé pasar a Jonas?- Sonreí.
-Claro que no.- Ella suspiró.- ¿Ya nos vamos?- Rió.
-Sí, tu ahijada/sobrina...- Me reí por cómo la llamó.-... Ya tiene hambre. Sólo guardo unos archivos y nos vamos.-
-Sí, claro.
Tomé la cartera que traía y eché mi celular. Apagué la computadora de escritorio y tomé la notebook y el cuadernillo dónde hacia algo así como borradores para las columnas de la revistas, especialmente para el número del siguiente mes.
Salí y Gabriela ya estaba lista con el pequeño baloncito que tenía en el estómago. Se lo acaricié ya que había dicho que se podían sentir sus pataditas. La regañé y le dije que estaba loca. Ella se rió.
Bajamos al primer piso y algunos empleados se despidieron de nosotros. Salí del edificio y sonreí al ver a Moisés recargado en mi auto.
-¡Gracias, Moisés!- Me entregó las llaves-
-No me las de. ¡Es mi trabajo!- Sonreí y nos despedimos de él. Me di la libertar de hacer ronronear el motor del volvo en el estacionamiento, se hizo un eco exquisito. Me mordí los labios y vi por el rabillo del ojo cómo negaba Gabrielle. Arranqué dejando atrás el estacionamiento.
Bajamos frente a un precioso restaurante italiano. Llegamos a la entrada y ahí estaba un muchacho con una pequeña libreta en las manos.
-Buenas noches, reservaciones al nombre de _______ Fellon.
-Fellon... -sonrió cuando encontró el apellido en la lista. -Claro, adelante. Extendió el brazo para que entráramos. Nos abrió la puerta. Nos asignó una excelente mesa, en donde no había mucho ruido.
-¿Ya me dirás?- Se rió de una forma exagerada, asustándome un poco.
-¡Sí!- Tomó aire. -¡James me pidió matrimonio!- Le sonreí y lancé un grito de emoción seguida de Gabrielle.
-¡Dios mío, Gabrielle! ¡Qué hermoso!- La abracé con fuerza cuidando de no dañar al bebé.
-¡Lo sé, _______! Estoy muy emocionada. Me lo ha pedido hace dos días. Me dijo que lo había pensado demasiado cuando estaba en Japón. Me dijo que estando allá, se da cuenta que lo que más quería en este mundo es que alguien estuviese en su vida siempre, que alguien especial siempre le esté acompañando a donde su jefa mandona le mandase. -Me hice la indignada, Él se refería a mí. Gabrielle se rió.- Dijo que él quería que yo fuese esa persona. Y que lo supo desde que le dije que estaba embarazada. -Gabrielle lloraba como si no hubiese mañana.
-¡Deja de llorar!- Le pasé un pañuelo. -Se te va a correr el maquillaje.- Se rió. -Me alegro demasiado por ti, Gabrielle. James te hará demasiado feliz. Estoy segura de eso.
Loading comments
Please wait